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viernes, 27 de septiembre de 2013

Cappellacci di zucca - Pasta rellena de calabaza

 
 
Ni hecho a propósito: Esta tarde me disponía a publicar esta entrada y me encuentro en los periódicos con las declaraciones homofóbicas del señor Guido Barilla. No suelo utilizar este blog para sermonearos a vosotros, mis sufridos lectores, con charlas políticas, ideológicas o religiosas, porque sé que no es lo que venís a buscar aquí. Y no es porque no tenga mis convicciones muy claras, sino porque desde el principio he intentado que este blog no sea un diario personal ni un reflejo exacto e inmediato de lo que se me pasa por la cabeza en un momento dado, sino un espacio tranquilo y acogedor donde refugiarme en mi pasión por la cocina, y en otra pasión, lo admito, que está cobrando aún más fuerza, que es la de la fotografía.
 
Pero no puedo publicar esta entrada sobre pasta casera y no decir que lo de este señor no tiene nombre. O sí lo tiene pero mejor no voy a decirlo aquí. Sólo diré que si mi querida Italia no es una gran potencia a nivel mundial es precisamente gracias a señores como éste (De Berlusconi mejor no hablamos): Trogloditas involucionados llenos de prejuicios pseudomorales y pseudorreligiosos que se dedican a pontificar sobre lo que es correcto. Hay ciertas personas que tienen la virtud de ensuciar vocablos aparentemente inocuos cuando los utilizan en su cháchara insustancial y tendenciosa. Es el caso del adjetivo "tradicional."
 
No creo que haga falta enumerar las barbaridades que se han cometido en todo el mundo (Y que por desgracia se siguen cometiendo) a lo largo de la historia en nombre de la tradición, en muchos casos tradiciones inventadas, aunque esa es otra cuestión.
 
Pero si pensamos en Italia, me viene a la mente una tradición profundamente arraigada en la república florentina, y de la que Girolamo Savonarola era entusiasta: Consistía en colgar a los homosexuales de las muñecas, con los brazos atados por detrás. Con esta tortura no sólo se conseguía provocarles unos dolores que no tengo redaños para imaginar, sino que además se les estigmatizaba porque, cuando alguien de un día para el otro no podía mover los brazos, todos sabían el motivo. Quizá el señor Barilla querría volver a aquellos tiempos para no perder la "tradición?" 
 
La tradición es otra cosa. Y la familia "tradicional" no es la que dice este señor, no. La familia la componen todos los seres que viven bajo un mismo techo y que se quieren, ayudan y respetan, sean del sexo que sean. Esto conlleva una gran variedad de combinaciones que puede incluir hombres, mujeres, niños, ancianos, perros perdigueros, gatos siameses, hamsters y hasta el geranio del balcón ya que nos ponemos. Está vivo y la abuela le quiere, así que no hay más que hablar.
 
Señor Guido Barilla, le desprecio por haber declarado lo que ha declarado, pero más aún por el hecho de pensarlo. Y como efecto colateral ha borrado usted de un plumazo un sinfín de buenos recuerdos vinculados a la marca que usted representa. Menos mal que pastas hay muchas. Igual que familias. Igual que tradiciones.
 
Perdonadme por el excursus, ahora vamos con la receta.
 
 
 
El nombre cappellacci es difícil de traducir al castellano. Cappello en italiano quiere decir sombrero, y la terminación "-acci" tiene una connotación despectiva. Lo más parecido que se me ocurre sería "sombrerajos" pero suena a palabro recién inventado por una servidora y no es plan. Quédense vuesas mercedes con el original que suena mucho más bonito y viene de Ferrara oiga, en el corazón de la Emilia Romaña. En el dialecto de la zona se llamaba Caplaz al típico sombrero de paja que llevaban los campesinos en el siglo XIX, de ahí el nombre de esta pasta, por la similitud con la forma de aquel sombrero.
 
La receta se la dedico a G., por un día de hace muchos años en el que paseamos por el bosque, nos hicimos confidencias, me hablaste de esta receta y comenzamos una amistad que amenaza con durar toda la vida. Desde aquí te mando un beso enorme.
 
 

Cappellacci di zucca
(Sombrerajos de calabaza)
 
Ingredientes para 4 personas:
3 huevos
350 grs de harina
50 grs de semolina
1 kg de pulpa de calabaza
200 grs de parmesano rallado
100 gs de migas de pan duro
1 yema de huevo
1 pizca de nuez moscada
Unas hojas de salvia
100 grs de mantequilla

 
 
 
 

Preparación
Para el relleno:
Lavar la calabaza y sin quitarle la cáscara, cortarla en gajos y retirar las semillas. Envolverla en aluminio y cocerla en el horno a 200º durante 20-25 minutos.
Dejarla enfriar y con la ayuda de un tenedor, triturarla junto con el parmesano, la nuez moscada y las migas de pan. Unir todo con la yema de huevo. La mezcla debe quedar espesa. Si es necesario, añadir algo más de parmesano o migas de pan. Cubrir el relleno con film y conservarlo en el frigorífico hasta el momento de rellenar los cappellacci.
Para la pasta:
Tamizar la harina y la semolina sobre la mesa de trabajo formando un volcán. Echar los huevos en el centro y empezar a mezclar de dentro hacia fuera con las manos o con un tenedor.
Amasar durante 15-20 minutos, formar una bola con la masa y dejarla reposar 3 horas en el frigorífico envuelta en film.
Estirar la masa con el rodillo hasta dejarla muy fina, casi transparente..
Cortarla en cuadrados de 5-6 cm de lado y poner una cucharada de relleno en el centro. Cerrar el cuadrado formando un triángulo y unir dos de sus extremos para formar los cappellacci. Hervirlos en abundante agua salada y saltearlos con la mantequilla y la salvia. Servir muy calientes espolvoreados con parmesano.
 
 


jueves, 12 de septiembre de 2013

Cous cous con albóndigas de cordero y verduras



Soy una mujer de palabra: Siempre cumplo mis amenazas, por lo que, tal y como adelanté en mi anterior post, aquí está mi receta para #cocinaunasonrisa, el concurso que el gato chef ha convocado para celebrar su tercer cumpleblog y cuyas bases podéis ver aquí
Si no os apetece leer la historia, podéis ir directamente a la receta, pero como dice Manu, lo de mirar fotos en diagonal y no leerse el post no está bien  :-))))
“Miro el reloj. Son poco más de las cinco y media de la tarde. Me he duchado y me he puesto un vestido largo y fresco. Me invitaron a subir a las seis, así que me siento en el porche de casa a fumarme un cigarro mientras un sol rosa y naranja empieza a bajar al encuentro de la colina. Ha sido un día tibio y despejado de finales de verano que ya trae en el aire algo de olor a otoño.
Miro el valle, y a lo lejos se distinguen las torres de San Gimignano. Sonrío recordando que en la Edad Media la llamaban “la ciudad de las cien torres.” La imaginación era fértil y poderosa en una época en que no había tecnología ni testimonios para contradecirla: En realidad llegaron a ser setenta y dos y ahora sólo quedan quince. Las conté muchas veces en mis paseos de domingo y tuve la suerte de ver una ópera sentada a los pies de una de ellas. Pero ésa es otra historia…
Hora de subir. Llamo a la puerta, Zahira me abre con una sonrisa y entro al salón-cocina-cuarto de juegos. Los niños se abalanzan encima de mí como siempre, peleándose por tener mi atención. Khaled tiene casi 3 años, el pelo oscuro y rizado, ojos negros, pestañas infinitas, y es un pequeño torbellino. Fedua tiene 5 años y es más juiciosa, toda una señorita de pelo castaño rojizo y ojos enigmáticos que ahora, imagino, ya estarán rompiendo corazones.
Yo juego con Fedua y Khaled pero intento enterarme de lo que ocurre en una cocina donde Zahira parece multiplicarse y dividirse continuamente a lo largo de los fogones. De la olla donde está guisando cordero con verduras se desprende un olor que no es de este mundo, y ahora, mientras hierve el agua para la cuscusera, pone música y me enseña a bailar Shikat. Yo me esfuerzo en imitarla y acabo agotada, mientras ella y los niños aplauden entusiasmados.
Zahira me enseña a preparar el cous cous en todas sus etapas, es un ritual fascinante que termina mezclándole a la sémola unas cucharadas de zebda, una mantequilla marroquí de sabor muy particular y que no he vuelto a probar desde entonces. Ella me hace participar en cada fase y aunque a veces siento que el cous cous me quema las manos, aguanto para no quedar como una blandengue. Quiero ser como ella, que parece tener las manos de amianto.
Sólo falta que llegue Mustafá para que nos sentemos a cenar y yo estoy desfalleciendo con tantos olores irresistibles que inundan por completo la casa. Para hacer tiempo Zahira me enseña fotos de su boda y me promete que un día me tatuará las manos y las brazos con henna roja.




Por fin llega Mustafá y nos sentamos a cenar. Muy pacientemente él intenta enseñarme a formar bolitas con la comida igual que hacen ellos, pero por más que lo intento no consigo que no se desintegren antes de llevármelas a la boca, provocando las carcajadas de todos. Cuando ya estoy medio tapizada de comida, Mustafá y Zahira se guiñan un ojo y ella se levanta y me trae una cuchara que agradezco de manera entusiasta mientras todos seguimos riéndonos de mi torpeza occidental. Zahira le dice algo a Mustafá y los cuatro se ríen aún más: Al parecer le ha contado a Mustafá mis progresos con la danza del vientre y han decidido que soy un buen partido para el hermano de Mustafá, que en breve piensa irse a vivir a Italia como ellos.
La cena termina con un té de hierbabuena que Mustafá nos sirve en una preciosa tetera de plata. Me despido de mis anfitriones dándoles las gracias por haberme abierto las puertas de su casa y por ofrecerme ese banquete. Cuando vuelvo a mi casa ya de noche, vuelvo a sentarme en el porche y mientras me fumo otro cigarro miro el cielo negro tachonado de estrellas. Nunca había visto tantas, ni con tanta nitidez, antes de irme a vivir allí. Y nunca las he vuelto a ver. Me voy a dormir aún sonriendo después de una tarde tan especial.

Han pasado muchos años desde aquella tarde feliz. No todo fueron risas mientras viví en la Toscana, pero cuando cierro los ojos y pienso en esa época son éstos los recuerdos que me gusta revivir: Los que me llenan el corazón de paz. Y hasta hoy, siempre que preparo cous cous, aunque mi receta no se parezca ni le llegue a la de Zahira a la suela de los zapatos, siento ese sol tibio, oigo las risas de Fedua y Khaled… Y en mis labios se dibuja una gran sonrisa.

 

P.S. Aunque el tabaco forme parte de esta narración, hace diez años que no fumo. Las autoridades sanitarias y esta blogger advierten de que fumar mata. Estáis avisados.
P.P.S. Desde aquella tarde en la cocina de Zahira, nunca he vuelto a preparar cous cous a la manera tradicional. Es de las pocas cosas en las que transijo con lo precocinado.
P.P.P.S. Nunca llegué a conocer al hermano de Mustafá :-)
 
Cous cous con verduras y albóndigas de cordero
 Ingredientes
500 grs de carne de cordero picada
2 rebanadas gruesas de pan duro
50 ml de leche
1 1/2 cucharaditas de harissa
2 cebolletas medianas
500 grs de pimientos verdes
200 grs de cous cous
200 ml de caldo de verduras o de agua
Sal
AOVE
Mantequilla
Un puñado de pasas de uva
Unos cuantos piñones tostados (Según gusto personal y presupuesto)
 Preparación
Remojamos el pan en la leche y esperamos hasta que la haya absorbido por completo.
Mezclamos la carne picada con el pan remojado, la harissa y una pizca de sal. Dejamos macerar durante 1 hora en el frigorífico y formamos las albóndigas que freiremos en abundante aceite caliente hasta que estén bien doradas. Las colocamos en un plato o fuente forrado con papel de cocina y reservamos.
Cortamos las cebollas y los pimientos en juliana y los sofreímos a fuego suave para que se doren sin quemarse. Apartamos del fuego y reservamos.
Preparamos el cous cous siguiendo las instrucciones del envase. La forma de preparación puede variar ligeramente dependiendo del fabricante. En general se usa el mismo volumen de cous cous que de líquido y se prepara añadiendo el agua hirviendo a la sémola, removiendo ligeramente y dejando reposar unos 3 minutos o hasta que el líquido se haya absorbido completamente. Le añadimos unos 10 grs de mantequilla y removemos suavemente.
Para servir: Colocamos el cous cous en una fuente, a continuación las verduras, después las albóndigas y esparcimos por encima algunas pasas de uva y piñones tostados.
 
Fuente: Fabsfood
 
 

jueves, 9 de febrero de 2012

Gnocchi con salsa de foie, trufa y cebolla caramelizada - San Valentín (y 4)



“Díselo con pasta”

Porque no todo van a ser dulces por San Valentín, verdad? Si no, cómo hacemos para conquistar con nuestras habilidades culinarias a alguien que no es goloso?

La receta de hoy es muy sencilla, se trata de gnocchi de harina de maíz cortados en forma de corazón, con una salsa que los hace de verdad especiales y dignos de una velada romántica. Acompañadlos con un buen Chianti y el éxito está asegurado.

Ingredientes para los gnocchi:


250 ml de leche

250 ml de agua

Pizca de sal

175 grs de harina de maíz

50 grs de mantequilla


Preparación:


Se lleva a ebullición la leche y el agua con la sal. Se echa la harina en forma de lluvia batiendo enérgicamente hasta que se forma como una bechamel muy espesa.
***Edito*** Había olvidado un paso importante!
Incorporamos la mantequilla cortada en taquitos y removemos hasta que esté completamente disuelta.

Ponemos la masa a enfriar estirada dentro de una pyrex o similar, mejor la víspera para que se enfríe del todo. Cuando esté fría, cortarlos gnocchi con un cortapastas en forma de corazón. Reservar hasta el momento de servir.

Salsa de tomate al tomillo con foie, trufa y cebolla caramelizada

Ingredientes:

400 ml de tomate natural triturado
1 cebolla mediana
50 grs de foie mi-cuit
Tomillo fresco picado
Sal
AOVE
Mantequilla

Preparación:


Sofreír la cebolla en AOVE y mantequilla hasta que esté dorada. Apartar un par de cucharadas para caramelizarla.
Añadir el tomate y dejar cocinar durante 3-4 minutos. Pasado ese tiempo, incorporamos el foie cortado en trocitos y removemos durante 2-3 minutos, hasta que se funda con la salsa, ayudándonos con la cuchara o espátula.

Presentación: Saltear los gnocchi en AOVE y mantequilla (1 cucharada de cada)
Emplatar, napar con la salsa, colocar un poco de cebolla caramelizada en el centro de cada plato y espolvorear con tomillo y trufa y parmesano rallado.



jueves, 1 de diciembre de 2011

Gnocchi gratinados con tomate, espinacas y mascarpone


Mil gracias por todos los comentarios al post anterior y gracias de corazón por vuestras felicitaciones para Bianca. No he podido contestaros uno a uno pero me han emocionado vuestras palabras, muchas gracias de verdad.

Mis disculpas a todos porque llevo unos cuantos días desaparecida de mi blog y de los vuestros. Espero estar de nuevo en activo en unos días, y de momento os traigo un plato de pasta fácil y rápido, una de esas recetas resultonas que se preparan casi solas y con las que tenemos el éxito asegurado. Ideal para estos días de frío. Si la acompañamos con un buen Chianti y cerramos los ojos casi casi nos parecerá que estamos en Italia…

Ingredientes:

500grs de gnocchi
350 ml de salsa de tomate (Preferentemente casera y aromatizada con ajo y albahaca fresca)
100g de espinacas baby
250 grs de mascarpone
50 grs de Parmesano rallado

Preparación:

Poner a cocer los gnocchi en abundante agua salada. Mientras tanto, calentar la salsa y añadir las espinacas. Remover y mantener 5-6 minutos a fuego lento, hasta que las espinacas estén cocidas.
Cuando los gnocchi estén listos apartarlos del fuego, escurrirlos y mezclarlos con la salsa de tomate en una fuente apta para horno. Distribuir el mascarpone en 4-5 cucharadas repartidas por encima de la salsa y terminar con el queso rallado.
Gratinar hasta que el Mascarpone se haya diluido en la salsa y el Parmesano se haya fundido y tenga un bonito color dorado.




Fuente: BBC Good Food

jueves, 13 de octubre de 2011

Sarracenas (Tagliatelle integrales) con calabaza, queso azul y piñones



Hace unos días Whole Kitchen me dio una alegría al incluir una de mis recetas, la calabaza asada con queso azul y nueces, en su Tour recetas dedicado a la calabaza como ingrediente otoñal, de este otoño que, por lo menos en Madrid, no termina de llegar.

Ayer estuve en el Retiro (junto con otros dos o tres millones de madrileños) y el aspecto del parque y el ambiente en general hacían pensar más en la primavera que en el otoño. Para muestra las rosas:


O este arbusto que fotografié a petición de mi hija, que dejó de perseguir a sus queridos pavos reales para llevarme corriendo de la mano a ver su descubrimiento mientras me decía emocionada "Mira mami, está lleno de frutos silvestres!" Me la hubiera comido...



Aunque también conseguí un par de fotos en las que se huele el otoño, como ésta:




Y esta otra, mi favorita. Estoy enamorada del color de esas hojas y de esa tela de araña. Este año tenemos el raro privilegio de contemplar el otoño bajo la luz del verano. No me digáis que no es curioso el contraste. Nada de tonalidades anaranjadas, ni rastro de ese juego sutil de sombras y luces. Es un blanco implacable que nos deslumbra y roba los colores de un tiempo que ya no es suyo y que está apurando hasta el último minuto.




Pero me estoy despistando, lo que quería hoy era traeros esta receta con la calabaza como ingrediente estrella, aunque le disputan el protagonismo el queso azul, los piñones, una pasta muy especial y, de fondo, el regusto único del Marsala.



Ingredientes para 6 personas (ó 4 muy tragonas)

800 grs de pulpa de calabaza (peso neto, ya pelada, despepitada y cortada en cubos de 1,5 cm aprox.)
1 cebolla grande
2 cucharadas de AOVE
1 cucharadita de pimentón de la Vera
30 grs de mantequilla
3 cucharadas soperas de Marsala
Sal al gusto
100 grs de piñones
6 hojas de salvia frescas, picadas finas
125 grs de Gorgonzola (podéis utilizar cualquier otro queso azul que os guste)
500 grs de pasta larga. En este caso he utilizado unas saracene integrales que formaron parte del premio del sorteo de mi amiga Sara con productos de Italian Delicat del que ya os he hablado en alguna otra ocasión. Es una pasta exquisita, de sabor muy característico pero delicado, y con una textura maravillosa, que resiste muy bien los condimentos complejos como éste pero también va estupendamente con una salsa de tomate sencilla, o un ragù de carne, etc.

(Paréntesis: Conste que no colaboro con Italian Delicat y no me pagan por decir esto. Mi amiga Sara ya les representa estupendamente. En realidad ya no colaboro con ninguna marca, de modo que las opiniones sobre cualquier producto que aquí comparta serán completamente desinteresadas salvo que indique lo contrario)





Preparación:

Ponemos la calabaza sobre una bandeja de horno forrada con papel de cocina. La rociamos con poquísimo AOVE y la horneamos a 180º durante 5-6 minutos. No debe quedar blanda, debe estar apenas tierna o de lo contrario se nos convertirá en papilla cuando estemos ligando la salsa y queremos que se vea entera.
Tostamos los piñones en una sartén a fuego moderado y reservamos.
Rehogamos la cebolla en aceite hasta que esté dorada. Añadimos la mitad de la salvia y rehogamos un minuto más. Retiramos del fuego y añadimos la calabaza, el queso azul cortado en cubitos y la mitad de los piñones.
Cocemos la pasta muy al dente (que le falten por lo menos 3-4 minutos) y colamos pero no en exceso. Reservamos una taza del agua de cocción de la pasta. La echamos en la sartén/rondón/etc donde tenemos la salsa y removemos con mucho cuidado para que se mezcle todo pero sin romper la calabaza y el queso. Si fuera necesario añadiremos un chorrito o dos del agua de cocción de la pasta.
Espolvoreamos con los piñones y la salvia que hemos reservado y llevamos a la mesa para comer este plato bien caliente.



Fuente: Nigella Lawson - Kitchen: Recipes from the heart of the home.







viernes, 18 de febrero de 2011

Whole Kitchen propuesta salada febrero 2011: Pasta fresca larga - Mafaldine al pesto


Whole Kitchen en su propuesta salada para el mes de Febrero nos invita a preparar todo un clásico de la gastronomía italiana, Pasta Fresca.


***Edito***

-Mi querida amiga Federica me ha hecho una sutil corrección: el nombre de esta pasta no es pappardelle: lo que he hecho son mafaldine, la diferencia está en los bordes rizados. Gracias Federica!-

Los que me conocéis un poco sabéis de mi pasión por la pasta, así que cuando supe cuál era la propuesta salada de este mes no me dio ninguna pereza ponerme manos a la obra.



La pasta fresca es facilísima de hacer, incluso si no tienes Kitchen Aid, ni máquina de pasta, ni nada excepto harina, tus propias manos y tu rodillo de toda la vida. La pasta rellena (como por ejemplo estos ravioli rellenos de calabaza) tiene algo más de intríngulis pero la pasta larga se prepara en un abrir y cerrar de ojos, animaos si no habéis probado nunca porque merece la pena hacerla en casa, nunca comeréis una pasta mejor.





Ingredientes:



400 grs de harina



4 huevos



Sal



AOVE por si la masa queda demasiado espesa





Preparación:



Empezamos por tamizar la harina sobre la superficie de trabajo para formar un volcán.







Dentro del volcán pondremos los huevos y empezaremos a remover con los dedos para ir integrando poco a poco la harina.





Amasaremos hasta que tengamos una masa firme, que no se nos pegue a los dedos pero que sea muy elástica porque la tendremos que estirar muy fina, lo más posible.






Espolvoreamos de harina la masa y empezamos a estirar de la manera más uniforme posible y hasta llegar al espesor mínimo del que seamos capaces. Es difícil pero no imposible, sólo se requiere fuerza, paciencia y un truco: cuando llega un momento en el que no podemos estirar más, entonces paramos diez minutos o un cuarto de ora y después volvemos a la carga.



Cortamos con lo que tengamos a mano: Una máquina de pasta (lo ideal para trabajar menos y que quede perfecta), o un rodillo dentado, o en mi caso una rueda pastelera. Lo de recortarles los bordes para igualarlas tampoco es imprescindible, pero queda más estético.



Los recortes valen perfectamente para una sopa, o en mi caso para mi peque, que se comió un plato de recortitos con tomate y parmesano y no dejó ni gota.








Cuando estén listas las ponemos a secar hasta el momento de cocerlas, cosa que haremos en abundante agua salada y vigilando que no se peguen unas a otras.




En Toscana es muy habitual servir este tipo de pasta larga con sugo al cinghiale, es decir, salsa de tomate con carne de jabalí. Son una delicia que recuerdo con nostalgia. En esta ocasión, como no me daba tiempo a ir a cazar un jabalí opté por condimentarlas con pesto. Podéis ver la receta del pesto casero aquí.




Y poco más, a comer antes de que la pasta se enfríe!




viernes, 3 de diciembre de 2010

Fusilli al caviar de berenjena


En un día de perros, os traigo una receta que recuerda el calor y los aromas del verano.


Ingredientes:


500 grs. de fusilli
Una berenjena
Una cucharada sopera de zumo de limón
4 cuartos de tomate seco, más un cuarto extra cortado en trocitos
3 ramitas de orégano fresco
4 cucharadas de AOVE
Sal
Pimienta

Preparación:

Lavar la berenjena, cortarla longitudinalmente en dos y asarla durante 40-50 minutos. Pasado ese tiempo pelarla y procesar la pulpa junto con el resto de los ingredientes.

Condimentar la pasta cocida al dente con esta crema. Decorar con trocitos de tomate seco, hojitas de orégano y espolvorear con pecorino rallado.

Fuente: Cucina Moderna, número de agosto 2010.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Whole Kitchen propuesta salada noviembre 2010: Gnocchi de patata




Whole kitchen en su Propuesta Salada para el mes de Noviembre nos invita a preparar todo un clásico de la gastronomía italiana, Ñoquis de Patata.


Yo aprendí a hacer gnocchi de patatas de la mano de una anciana de Viterbo. No olvidaré nunca la receta que me dio: "Yo hago dos patatas por persona, y la harina necesaria." Sobre el procedimiento: "Amasas hasta que está lista." Método de cocción: "tu li butti dentro alla pentola, son pronti quando vengono a galla", es decir, los echas en la olla y cuando flotan es que están listos.


Debo decir que el método es infalible, y que son los mejores gnocchi que he probado nunca después de los de mi Abuela y mi Madre.


Pero en esta ocasión he querido traeros otra variante, la que algunos llaman gnocchi alla romana. Se hacen con sémola de maíz (algo más fina que la polenta) o con polenta, se deja enfriar la pasta y se corta con cortapastas. Son más ligeros que los de patata y, lo que es mejor, aptos para celíacos.


Ingredientes:


250 ml de leche

250 ml de agua

Pizca de sal

175 grs de harina de maíz

50 grs de mantequilla


Preparación:


Se lleva a ebullición la leche y el agua con la sal. Se echa la harina en forma de lluvia batiendo enérgicamente hasta que se forma como una bechamel muy espesa.

Ponemos la masa a enfriar estirada dentro de una pyrex o similar, mejor la víspera para que se enfríe del todo.

Se corta con cortapastas de la medida elegida.

Se doran un poco en la sartén con mantequilla y se sirven muy calientes condimentados con la salsa de vuestra elección, en mi caso un ragú ligero de tomate y carne de ternera y cerdo.

Se espolvorean de parmesano rallado al gusto y de albahaca picada fina. Y a disfrutar que están buenísimos!






viernes, 15 de octubre de 2010

Penne rigate con porri, prosciutto crudo e pan grattato ai funghi





O sea, plumas con puerros, jamón serrano y pan rallado con champiñón.


Desde que vi esta receta en un programa de Jamie Oliver (y en su libro, que regalé a mi Mami hace un par de años porque ella es una entusiasta de Jamie) quería prepararla y tenía pensado hacerla con pappardelle caseras (receta de pasta fresca aquí) pero el día D me puse a cocinar demasiado tarde, y cuando fui a la despensa no tenía más que pasta corta. Snif snif. Superado el pequeño disgusto, me digo a mí misma que no puedo esperar ni un día más para preparar este plato, cojo una caja de penne rigate, subo a la cocina y me pongo manos a la obra.

Pan grattato ai funghi:

200 grs de pan duro cortado en cubitos
150 grs de champiñones (con boletus queda espectacular pero yo no tenía)




Jamie fríe el pan y los champiñones, yo asé ambas cosas en el horno y después lo procesé todo hasta reducirlo a un polvillo con textura irregular.

Lo reservamos mientras preparamos la salsa.



Ingredientes de la salsa de puerros:

Un minuto de silencio por las pappardelle
4 puerros grandes
Tomillo limonero
Ajo
Sal
½ vaso de vino blanco
½ litro aprox. de caldo de verduras o de pollo, a ser posible casero
4 lonchas grandes de jamón serrano
Pimienta
AOVE
Mantequilla

Albahaca fresca


Preparación:

Cortamos los puerros de forma oblicua en rebanadas gruesas.




Los rehogamos a fuego moderado en mantequilla y aceite hasta que estén dorados. En ese momento añadimos el ajo y el tomillo. Pasados un par de minutos incorporamos el vino blanco y dejamos evaporar a fuego vivo.





En ese momento añadimos el caldo, lo justo para cubrir los puerros pero sin llegar a taparlos del todo. Bajamos el fuego y cubrimos con las lonchas de jamón serrano.

Dejamos cocer 11-12 minutos, exactamente el tiempo que tardará la pasta en cocerse si utilizamos pasta seca como en este caso.





Servimos la pasta colocando por este orden: los puerros, el jamón cortado en tiritas, el pan rallado al champiñón, albahaca fresca picada y parmesano o pecorino rallado.

Que aproveche!


Fuente: “Jamie en casa” – Jamie Oliver


lunes, 5 de julio de 2010

Ravioli de calabaza y champiñón en tempura con Harinas Santa Rita

Dos recetas que he preparado usando las muestras que tan amablemente me ha mandado Harinas Santa Rita, productos que por su calidad recomiendo a todos. Me enviaron:


-Mezcla para croquetas y bechamel
-Mezcla para tempura
-Preparado para pan. Este último aún no lo he utilizado, espero poder hacerlo en unos días.

Ravioli de calabaza




Desde la primera vez que probé estos ravioli me enamoré de ellos. El relleno cremoso de calabaza con un ligero sabor de almendra amarga es algo muy especial.



Lo suyo es preparar el relleno de esta pasta usando amaretti (galletitas muy similares a los macarons, con sabor a almendra amarga) pero yo no tenía amaretti, ni tiempo de hacerlos, ni licor Amaretto para conseguir ese sabor tan característico. Además estaba deseando probar los productos Santa Rita, así que el primero que estrené fue el preparado para croquetas y bechamel. Tenía la intuición de que haría un relleno rico y cremoso junto con la calabaza y no me equivoqué.




El sabor a almendras se consigue muy bien con unas gotas de esencia de almendra.

Y sin más os dejo con la receta, que espero que os animéis a probar.


Ingredientes para los ravioli:

400 grs de harina
4 huevos
Una pizca de sal
AOVE por si fuera necesario para ablandar la masa.


Preparación:


Tamizar la harina sobre la mesa de trabajo en forma de volcán.




Hacer un hueco en medio y cascar dentro los huevos (suena feo, lo sé, pero así es como se hace)



Amasar removiendo con los dedos hasta que esté toda la harina incorporada y seguir amasando hasta conseguir una masa compacta y elástica. Si resultara demasiado dura se le puede añadir aceite de oliva en cantidades muy pequeñas hasta conseguir esa elasticidad necesaria para trabajar la masa.


Cuando ya tenemos nuestra bola de masa preparada, la cubrimos con film y la dejamos reposar media hora al fresco.




Si no tenemos ya preparado el relleno podemos hacerlo en este momento.


Ingredientes para el relleno:


1/2 kg de calabaza

1 cebolla pequeña

Mantequilla, c.n.

Sal gruesa
Preparado para croquetas y bechamel Santa Rita

Pimienta blanca

Nuez moscada

Esencia de almendra

Preparación del relleno:


Pelamos la calabaza y la cortamos en trocitos muy pequeños. La ponemos en una fuente de horno forrada con papel sulfurizado o con hoja de aluminio con unos trocitos de mantequilla mezclados dentro y salamos con sal gruesa. La asamos durante unos 40 minutos a 200º.





Mientras tanto sofreímos la cebolla en un poquito de mantequilla hasta que esté dorada. Añadimos 4 cucharadas de mezcla de croquetas Santa Rita, tostamos bien e incorporamos poco a poco la leche removiendo con varilla para que no queden grumos (aunque sospecho que con este preparado es difícil que se hagan grumos porque está perfectamente suelto y aireado)



Sacamos la calabaza del horno y la reducimos a puré. Yo lo hago con tenedor, queda tan tierna que no cuesta ningún esfuerzo y así el relleno queda con más cuerpo.





Ya fuera del fuego mezclamos ambas preparaciones, probamos de sal y condimentamos con pimienta, nuez moscada y unas gotas de esencia de almendra.







Extendemos el relleno para que se entibie y retomamos la masa de ravioli.

Enharinamos ligeramente la mesa de trabajo y depositamos en ella la mitad de la masa, reservando la otra en la nevera.

Recomiendo estirar entre papeles, yo no lo hice y me arrepentí porque ese día hacía muchísimo calor y la masa, que de por sí es difícil de estirar porque es como el chicle, con una tendencia a encogerse bastante cabreante, se ponía pegajosa, con lo que tuve que enharinar varias veces rodillo y superficie.

La masa tiene que quedar finísima, incluso de medio milímetro de espesor si es posible. Hacen falta brazos y codos bien entrenados y mucha paciencia pero vale la pena.



Una vez que tenemos estirada la mitad de la masa, depositamos el relleno sobre ella a montoncitos.


Estiramos la otra mitad de la masa y la ponemos encima de la anterior con mucho cuidado de que no se nos rompa. Previamente habremos pasado los dedos mojados en agua por todas los huecos que nos queden entre los montoncitos de relleno para que ambas mitades de la masa se peguen sin problemas ejerciendo una ligera presión de los dedos.

Formamos los ravioli cortando con una rueda dentada.



Cocemos en abundante agua salada (yo cuento un minuto después de que estén flotando completamente horizontales) y condimentamos con mantequilla, salvia picada muy finita y queso parmesano rallado.



Champiñones en tempura al pimentón de la Vera

Fueron la guarnición del secreto con cerezas del post anterior y muchos me han preguntado cómo la hago. No tiene ningún misterio, habitualmente la hago exactamente igual que os voy a explicar a continuación sólo que uso harina normal. En esta ocasión probé la mezcla para tempura Santa Rita y el resultado fue maravilloso: una fritura crujiente, delicada, nada grasa y con el toque especial que le da el pimentón de la Vera.




Ingredientes:

12 champiñones
6 cucharadas soperas de mezcla de tempura Santa Rita
2-3 cucharaditas de las de té de pimentón de la Vera ahumado, según vuestro gusto. Los valientes también pueden utilizar la variedad picante.
75-100 ml de cerveza, dependiendo de vuestro gusto, es decir, si os gusta la tempura más espesa o más fina. En ambos casos con este preparado queda muy bien ligada.
75 ml de agua helada



Preparación:


Yo primero ablando los champiñones en el microondas, no me gusta el champiñón crudo excepto en carpaccio, así que le doy 6-8 minutos a máxima potencia dependiendo del tamaño y queda tierno pero aún al dente. Los dejo escurrir por lo menos media hora para que suelten el exceso de líquido.

Para hacer la tempura mezclamos todos los ingredientes con varilla. Igual que en el caso de la mezcla de bechamel, la de tempura se mezcla muy bien sin dejar grumos.

Empapamos los champiñones en la tempura y freímos en abundante aceite caliente. Dejamos sobre papel absorbente hasta el momento de servir.