jueves, 12 de septiembre de 2013

Cous cous con albóndigas de cordero y verduras



Soy una mujer de palabra: Siempre cumplo mis amenazas, por lo que, tal y como adelanté en mi anterior post, aquí está mi receta para #cocinaunasonrisa, el concurso que el gato chef ha convocado para celebrar su tercer cumpleblog y cuyas bases podéis ver aquí
Si no os apetece leer la historia, podéis ir directamente a la receta, pero como dice Manu, lo de mirar fotos en diagonal y no leerse el post no está bien  :-))))
“Miro el reloj. Son poco más de las cinco y media de la tarde. Me he duchado y me he puesto un vestido largo y fresco. Me invitaron a subir a las seis, así que me siento en el porche de casa a fumarme un cigarro mientras un sol rosa y naranja empieza a bajar al encuentro de la colina. Ha sido un día tibio y despejado de finales de verano que ya trae en el aire algo de olor a otoño.
Miro el valle, y a lo lejos se distinguen las torres de San Gimignano. Sonrío recordando que en la Edad Media la llamaban “la ciudad de las cien torres.” La imaginación era fértil y poderosa en una época en que no había tecnología ni testimonios para contradecirla: En realidad llegaron a ser setenta y dos y ahora sólo quedan quince. Las conté muchas veces en mis paseos de domingo y tuve la suerte de ver una ópera sentada a los pies de una de ellas. Pero ésa es otra historia…
Hora de subir. Llamo a la puerta, Zahira me abre con una sonrisa y entro al salón-cocina-cuarto de juegos. Los niños se abalanzan encima de mí como siempre, peleándose por tener mi atención. Khaled tiene casi 3 años, el pelo oscuro y rizado, ojos negros, pestañas infinitas, y es un pequeño torbellino. Fedua tiene 5 años y es más juiciosa, toda una señorita de pelo castaño rojizo y ojos enigmáticos que ahora, imagino, ya estarán rompiendo corazones.
Yo juego con Fedua y Khaled pero intento enterarme de lo que ocurre en una cocina donde Zahira parece multiplicarse y dividirse continuamente a lo largo de los fogones. De la olla donde está guisando cordero con verduras se desprende un olor que no es de este mundo, y ahora, mientras hierve el agua para la cuscusera, pone música y me enseña a bailar Shikat. Yo me esfuerzo en imitarla y acabo agotada, mientras ella y los niños aplauden entusiasmados.
Zahira me enseña a preparar el cous cous en todas sus etapas, es un ritual fascinante que termina mezclándole a la sémola unas cucharadas de zebda, una mantequilla marroquí de sabor muy particular y que no he vuelto a probar desde entonces. Ella me hace participar en cada fase y aunque a veces siento que el cous cous me quema las manos, aguanto para no quedar como una blandengue. Quiero ser como ella, que parece tener las manos de amianto.
Sólo falta que llegue Mustafá para que nos sentemos a cenar y yo estoy desfalleciendo con tantos olores irresistibles que inundan por completo la casa. Para hacer tiempo Zahira me enseña fotos de su boda y me promete que un día me tatuará las manos y las brazos con henna roja.




Por fin llega Mustafá y nos sentamos a cenar. Muy pacientemente él intenta enseñarme a formar bolitas con la comida igual que hacen ellos, pero por más que lo intento no consigo que no se desintegren antes de llevármelas a la boca, provocando las carcajadas de todos. Cuando ya estoy medio tapizada de comida, Mustafá y Zahira se guiñan un ojo y ella se levanta y me trae una cuchara que agradezco de manera entusiasta mientras todos seguimos riéndonos de mi torpeza occidental. Zahira le dice algo a Mustafá y los cuatro se ríen aún más: Al parecer le ha contado a Mustafá mis progresos con la danza del vientre y han decidido que soy un buen partido para el hermano de Mustafá, que en breve piensa irse a vivir a Italia como ellos.
La cena termina con un té de hierbabuena que Mustafá nos sirve en una preciosa tetera de plata. Me despido de mis anfitriones dándoles las gracias por haberme abierto las puertas de su casa y por ofrecerme ese banquete. Cuando vuelvo a mi casa ya de noche, vuelvo a sentarme en el porche y mientras me fumo otro cigarro miro el cielo negro tachonado de estrellas. Nunca había visto tantas, ni con tanta nitidez, antes de irme a vivir allí. Y nunca las he vuelto a ver. Me voy a dormir aún sonriendo después de una tarde tan especial.

Han pasado muchos años desde aquella tarde feliz. No todo fueron risas mientras viví en la Toscana, pero cuando cierro los ojos y pienso en esa época son éstos los recuerdos que me gusta revivir: Los que me llenan el corazón de paz. Y hasta hoy, siempre que preparo cous cous, aunque mi receta no se parezca ni le llegue a la de Zahira a la suela de los zapatos, siento ese sol tibio, oigo las risas de Fedua y Khaled… Y en mis labios se dibuja una gran sonrisa.

 

P.S. Aunque el tabaco forme parte de esta narración, hace diez años que no fumo. Las autoridades sanitarias y esta blogger advierten de que fumar mata. Estáis avisados.
P.P.S. Desde aquella tarde en la cocina de Zahira, nunca he vuelto a preparar cous cous a la manera tradicional. Es de las pocas cosas en las que transijo con lo precocinado.
P.P.P.S. Nunca llegué a conocer al hermano de Mustafá :-)
 
Cous cous con verduras y albóndigas de cordero
 Ingredientes
500 grs de carne de cordero picada
2 rebanadas gruesas de pan duro
50 ml de leche
1 1/2 cucharaditas de harissa
2 cebolletas medianas
500 grs de pimientos verdes
200 grs de cous cous
200 ml de caldo de verduras o de agua
Sal
AOVE
Mantequilla
Un puñado de pasas de uva
Unos cuantos piñones tostados (Según gusto personal y presupuesto)
 Preparación
Remojamos el pan en la leche y esperamos hasta que la haya absorbido por completo.
Mezclamos la carne picada con el pan remojado, la harissa y una pizca de sal. Dejamos macerar durante 1 hora en el frigorífico y formamos las albóndigas que freiremos en abundante aceite caliente hasta que estén bien doradas. Las colocamos en un plato o fuente forrado con papel de cocina y reservamos.
Cortamos las cebollas y los pimientos en juliana y los sofreímos a fuego suave para que se doren sin quemarse. Apartamos del fuego y reservamos.
Preparamos el cous cous siguiendo las instrucciones del envase. La forma de preparación puede variar ligeramente dependiendo del fabricante. En general se usa el mismo volumen de cous cous que de líquido y se prepara añadiendo el agua hirviendo a la sémola, removiendo ligeramente y dejando reposar unos 3 minutos o hasta que el líquido se haya absorbido completamente. Le añadimos unos 10 grs de mantequilla y removemos suavemente.
Para servir: Colocamos el cous cous en una fuente, a continuación las verduras, después las albóndigas y esparcimos por encima algunas pasas de uva y piñones tostados.
 
Fuente: Fabsfood
 
 

6 comentarios:

Rosa dijo...

Una historia de novela, parece que estoy leyendo un libro, eres una gran narradora y una gran cocinera, menudo plato y que recuerdos. Besos.

Manu CatMan dijo...

Te leí añoche, porque fue añoche sí, aunque venga a comentar de día y me quede con un regustillo más bueno... vaya que me ha gustado mil esta entrada. Y más aún que haga 10 años que no fumas. Muero por conocer la toscana, solo estuve en Florencia y hace la friolera de 24 años... así que va siendo hora de volver!!!
GRacias Fabi, de verdad!!! me hace muchísima ilusión tenerte en #cocinaunasonrisa

Millones de besos

Pilar QyM dijo...

Mmmmmmmmmmmm vaya maravilla de receta....Esque dan ganas de darle un mordisquito a la pantalla del ordenador.
Besos.

abril dijo...

Maravilloso relato!!!!! Felicidades!!!!! me ha encantado! Una ambientación genial para la receta.
Y la receta todavía más, me encanta el cous-cous.

Víctor Castillo dijo...

Un relato maravilloso, que acompaña de manera fabulosa a este cous-cous tan delicioso...
Y sí, Manu tiene razón, no está bien mirar las fotos y dejar el texto, jajaja!

Un beso!

Bego de Al Calor del Horno dijo...

Que historia más bonita. Por un momento yo también me he visto contemplando las torres de San Gimignano. Mi tarde no acabó con una cena tan intensa como la tuya, pero no me puedo quejar.

Estupenda receta, ya veré la forma de adaptarla a mi cocina.

Mil besos.