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viernes, 25 de marzo de 2011

Whole Kitchen propuesta salada marzo 2011: Quiche de higos con jamón serrano y queso Maasdam



Whole Kitchen en su Propuesta Salada para el mes de Marzo nos invita a preparar un clásico de la gastronomía francesa, Quiche.



Ingredientes para la masa: (molde de 18 cm de diámetro)



1 + 1/4 tazas de harina

125 grs de mantequilla a temperatura ambiente

1 pizca de sal

5-6 cucharadas de agua helada.

Preparación:
Ponemos en el procesador la harina previamente tamizada, la sal y la mantequilla cortada en cubitos. Procesamos hasta obtener una especie de migas. A velocidad media, seguimos batiendo mientras añadimos el agua por cucharadas. Dejaremos de añadir cuando la masa se haya convertido en una bola elástica.
Cubrimos con film y dejamos reposar media hora en el frigorífico.
Mientras tanto preparamos el relleno.
Ingredientes:
120 grs de jamón serrano en lonchas muy finas
100 grs de higos secos que habremos rehidratado teniéndolos en remojo durante 3-4 horas en agua con un chorrito de vino (yo le puse Pale Cream, un vino fino de Montilla con un puntito dulce)
100 grs de queso Maasdam
200 ml de nata
2 huevos
Preparación:
Cortamos el jamón serrano en tiritas muy finas de 1 cm de largo, y lo mismo hacemos con los higos previamente escurridos. Rallamos el queso. Mezclamos todo en un bol con delicadeza para no romper los higos. En otro bol batimos los huevos, añadimos la nata y mezclamos bien. Añadimos pimienta blanca al gusto. No es necesario añadir sal, el jamón ya tiene suficiente.
Volcamos el contenido de este bol en el otro donde teníamos el jamón, los higos y el queso. Mezclamos bien para que se reparta todo uniformemente.
Pasado el tiempo de reposo recuperamos la masa que teníamos guardada en el frigorífico, forramos con ella nuestro molde y lo rellenamos con la mezcla que tenemos preparada.
Llevamos al horno precalentado a 160º durante 40-45 minutos.
Dejamos enfriar en el molde durante 15-20 minutos y desmoldamos.
También se puede preparar la noche anterior y dejarlo enfriar toda la noche. Si hemos forrado el molde con papel sulfurizado no tendremos ningún problema al desmoldarlo.









jueves, 26 de noviembre de 2009

Thanksgiving Pumpkin pie - Pastel de calabaza de Acción de Gracias




Un poco de historia resumida (o no tanto):

Noviembre de 1620. Unos 100 peregrinos procedentes de Inglaterra, después de una accidentada travesía en el May flower, llegan a las costas de Massachussets y allí se establecen. Fundan la colonia de Plymouth, primer asentamiento permanente de lo que sería Nueva Inglaterra.
Los peregrinos salen de Inglaterra por su desacuerdo con la relajación en las costumbres que la vida licenciosa de Enrique VIII introdujo y con la religión que éste se inventó a su medida (la anglicana) para aglutinar en su persona el poder político y el religioso, lo que le permitió, entre otras cosas, hacer y deshacer matrimonios a su conveniencia, que es la faceta más conocida de este monarca aunque no la única ni mucho menos la más destacable desde el punto de vista político.

Con una visión muy rígida de la moral y las costumbres, incluso más severa que la calvinista, los peregrinos buscan un lugar donde vivir de acuerdo con sus convicciones. Lo que encuentran al llegar es un invierno desolador, que junto con el hambre y las enfermedades les diezma haciendo que no sobrevivan más que la mitad del centenar que abandonó Inglaterra en busca de una nueva vida en una nueva tierra.

Los que sobrevivieron lo hicieron gracias a la valiosa ayuda de los indios wampanoag, con cuyo jefe, Massassoit, firmaron un acuerdo de paz.

Al año siguiente, ya establecidos y con su primera cosecha recogida, decidieron compartir sus excedentes con los wampanoag, dando lugar a lo que después sería el día de Acción de Gracias, oficializado en 1789 por el primer presidente de los Estados Unidos, George Washington.

Poco duraría ese inicial espíritu de colaboración y pacífica convivencia. Todos sabemos lo que sucedió después, cuando esa inmensa y rica tierra fue objeto de la codicia desmedida y de la crueldad despiadada de las grandes potencias.

Sospecho que los indígenas, auténticos dueños de esa tierra, despojados de ella, perseguidos, torturados y exterminados sistemáticamente, discriminados y condenados a vivir en reductos llamados “reservas” no viven ni sienten esta celebración de la misma manera.

Lo que vemos por televisión es la cara amable de esa fiesta: el desfile de Macy’s en Nueva York, los dulces, la comida familiar (pavo asado con su relleno de castañas, pan y salvia, salsa de arándanos, pastel de calabaza o de manzana…) a la que todos asisten como hacemos nosotros en Navidad, y por supuesto las compras. De hecho en USA el día de acción de gracias es el cuarto jueves de noviembre, y el viernes siguiente lo llaman el “viernes negro.” Y no por motivos macabros, sino porque es día de rebajas, con lo que los números rojos de las tiendas se convierten en números negros, es decir, consiguen unos estupendos ingresos extra.

En cambio los canadienses celebran este día el segundo lunes de octubre. Dicen que al estar más al Norte la cosecha llega antes y por eso se adelanta la celebración. Los canadienses, además, sitúan el origen de su fiesta en 1578, cuando un explorador inglés llamado Martin Forbisher llegó a Terranova y quiso dar las gracias por haber llegado sano y salvo. Sospecho que la rivalidad entre estadounidenses y canadienses por adjudicarse la “autoría” de la fiesta no acabará jamás.

Un apunte de historia familiar:

Cuando hice el pastel que veis en la foto yo estaba a punto de dar a luz a mi hija, me faltaban diez días para salir de cuentas. De hecho Acción de Gracias en 2007 fue el 22 de noviembre, y ese mismo día fue cuando ingresé en Maternidad, aunque ella no nació hasta pasada la medianoche, por tanto ya el día 23 de noviembre. Recuerdo que mientras preparaba este pastel daba interiormente las gracias una y otra vez por ella, porque fue una niña muy deseada que llegó después de años de lucha y sufrimiento, y llegó justo cuando yo ya había tirado la toalla y pensaba que ya no tendría hijos. Ahora veo esa foto y sé que el pastel tenía muchos defectos pero mi hija… ella sí que me salió perfecta! Puede que Acción de Gracias se mantenga sólo como otro invento comercial para hacer que la gente se gaste el dinero, pero a veces pienso que es bueno detenerse de vez en cuando, mirar lo que tenemos… y dar las gracias. Yo me quejo mucho (todos tenemos problemas) pero tengo muchos motivos para dar gracias, y quisiera invitaros también a vosotros a reflexionar un momento, sobre todo cuando estáis estresados y agobiados por los mil problemas del día a día. Parad un rato, respirad hondo y recordad lo bueno que os rodea. Es reconfortante.

Y ahora la receta, os la merecéis si habéis sido capaces de leer semejante parrafada (y si no también)


PASTEL DE CALABAZA

Pâte brisée:

1 taza + ¼ de harina de repostería
½ cucharadita de sal
1 cucharada sopera de azúcar
125 grs. de mantequilla muy fría cortada en cubitos
Entre 30 y 60 ml. de agua helada

Relleno de calabaza:

3 huevos
2 tazas de puré de calabaza
½ taza de nata, ya sea para montar o para cocinar, muy espesa (recomiendo la refrigerada de Mercadona)
½ taza de azúcar moreno
1 cucharadita de canela
1 pedacito de jengibre fresco rallado (yo lo compro fresco, lo rallo y lo congelo en paquetitos, así se mantiene intacto el aroma, lo prefiero al jengibre en polvo)
2-3 clavos de olor
1/2 cucharadita de sal

Preparación:

Precalentar el horno a 180º y engrasar un molde desmontable de 26cm de diámetro.

-Pâte Brisée

Poner en el procesador la harina, la sal y el azúcar y pulsar dos o tres veces hasta que se mezclen.

Añadir la mantequilla y batir 10-15 segundos hasta que la mezcla se asemeje a migas.

Incorporar con mucha prudencia 30 ml de agua en forma de hilo (según el clima en el que trabajemos, la marca y la calidad, la molienda y algún que otro factor, la harina absorberá más o menos líquido) sólo hasta que la masa esté uniforme y mantenga cuerpo si la pellizcamos. Si fuera necesario, añadir un poquito más de agua.

Sacar la masa del procesador y formar con ella rápidamente una bola que dejaremos reposar en la nevera 30 minutos envuelta en film de cocina.

Cuando hayan pasado los 30 minutos, espolvorear con harina la superficie de trabajo, depositamos en ella la masa y la estiramos con rodillo hasta unos 33 cm de diámetro.

Doblar la masa en cuatro para que no se rompa al trasladarla al molde que previamente habremos untado en mantequilla. Guardar los trocitos que nos sobren al nivelar el molde para hacer alguna figura decorativa que colocaremos encima del relleno. Lo típico son las hojas de arce pero yo no tenía cortadores de hojas en ese momento… y a decir verdad sigo sin tenerlos.
Refrigerar nuevamente la masa por unos 30 minutos antes de cubrirla con el relleno.

-Relleno

Batir los huevos, añadir el resto de ingredientes y batir un poco más (mejor a mano con varillas para no licuar demasiado el relleno) Si hemos preparado figuritas decorativas las colocamos encima. Antes de meter el pastel en el horno yo suelo envolver la mitad inferior del molde en papel aluminio, esto evita que el horno se ponga perdido con posibles goteos del relleno. Así limpiamos menos y nos evitamos la humareda del relleno que se quema, que incluso puede alterar el sabor y el aroma del pastel.

Estará listo en unos 30 minutos, o en su defecto cuando el relleno esté casi firme, o cuando los bordes de la masa estén tostaditos.

Se puede servir con nata montada endulzada con sirope de arce. Yo soy extra-golosa y a mí me resultó muy empalagosa, prefiero el pastel tal cual.

Errores que cometí:

1. Por pereza de utilizar el horno grande horneé el pastel en un mini horno, y esto puede causar el problema que se ve claramente en la foto: el calor que irradia en la parte superior es excesivo y los bordes del pastel se rompen y se queman antes de que al resto del pastel le dé tiempo a hacerse. Cuando me di cuenta los cubrí con papel aluminio pero el daño ya estaba hecho. Desde entonces utilizo muy poco el horno pequeño para tartas y pasteles, y si lo hago estoy más atenta a los bordes.


2. Nunca, nunca más en la vida volveré a incluir el clavo de olor en una receta. En esta ocasión por ser la primera vez quise respetar el original y lo usé a pesar de que es una especia que odio (probablemente la única), confiando en que su sabor y olor no se harían sentir por encima de las otras especias que me gustan tanto, canela y jengibre. Craso error. El clavo se apoderó del pastel y para mi gusto lo estropeó. Lo cuento por si me lee algún otro “clavofóbico.”

domingo, 27 de septiembre de 2009

Daring Bakers septiembre 2009: Masa de hojaldre y Vol-au-vents


The September 2009 Daring Bakers' challenge was hosted by Steph of A Whisk and a Spoon. She chose the French treat, Vols-au-Vent based on the Puff Pastry recipe by Michel Richard from the cookbook Baking With Julia by Dorie Greenspan.

Septiembre 2009. Mi primer desafío como Daring Baker, y no estoy nada contenta con los resultados.

En primer lugar la elección de Steph, de A whisk and a spoon, no fue muy de mi gusto, se trata de vol-au-vents de relleno libre, pero, eso sí, hechos a manita.

La pasta de hojaldre no es de mis masas favoritas, además lleva un tiempo que yo no tengo, así que cuando cocino prefiero invertir ese tiempo en cosas que me aporten más satisfacción, cosas que me apetezca más aprender.

Pero era mi primer desafío, así que me puse a ello con toda la ilusión del mundo pero… no me quedaron bien. A posteriori me di cuenta de que cometí varios errores en el proceso, pero dos de ellos fueron determinantes: el primero fue hacerlo todo con demasiada prisa y demasiado sueño. El segundo fue estirar la masa demasiado fina antes de hornear, así que no se elevó lo suficiente y en vez de unos bonitos vol-au-vents lo que obtuve fue una especie de ovnis más bien achatados. No os puedo explicar lo triste y frustrada que me sentí después de haberle robado horas al sueño para no conseguir lo que esperaba. Eso por no hablar de lo torpe que me sentí, tantos años haciendo tartas y este hojaldre es la chapuza más grande que jamás he hecho. Pero estoy obligada a publicarlo, y lo hago con gusto, como ejercicio de modestia y para aprender de los errores cometidos.

Superado el primer impulso de tirar los ovnis a la basura decidí intentar reciclarlos de la mejor manera posible y se me ocurrió lo que he bautizado como “Saint-Honoré de Lemon Pies”. Unas líneas más abajo veréis por qué.

La receta:

Ingredientes:

2-1/2 tazas de harina
1-1/4 tazas de harina especial para repostería
1cucharadita de sal (se puede poner ½ si el hojaldre es para rellenos dulces)
1-1/4 tazas de agua helada
454 grs. de mantequilla no salada, muy fría
Harina extra para la superficie de trabajo

Preparación:

Se meten todos los ingredientes en el procesador, th o similar. Pulsamos hasta que la masa se hace una bola, que deberá quedar muy flexible y elástica, cediendo a la presión de los dedos. La envolvemos en un paño húmedo y la metemos en la nevera 5 minutos.

Mientras tanto ponemos la mantequilla entre dos trozos de film (yo usé papel vegetal) y la aplastamos con rodillo hasta que mida media pulgada (que en cristiano viene a ser como 1,2 mm) Si se ha ablandado hay que refrigerarla otra vez, la masa debe mantenerse fría durante todo el tiempo de preparación.

Sacamos la masa de la nevera, la extendemos sobre la superficie de trabajo, en la que previamente hemos esparcido harina, y la estiramos de dentro hacia fuera en un cuadrado como de 25 cm de lado, la idea es que quede como una almohadilla más delgada en el centro, sobre la que irá la mantequilla.

Ponemos la mantequilla en el centro y la envolvemos con la masa, cuidando que los bordes se superpongan ligeramente. Si no nos llega hay que estirarla toda, no tirar de los bordes. Debe quedarnos un rectángulo de 16 cm por el lado más largo. Eliminamos el exceso de harina con una brochita.

Estiramos con rodillo hasta triplicar la longitud inicial y doblamos en tres como si fuera una carta. Esto completa el primer estirado, en total el mínimo es de seis.

Para hacer el segundo y sucesivos, colocamos la masa poniendo a la izquierda el lado de la “carta” que queda cerrado y volvemos a estirar y a doblar en tres, eliminando el exceso de harina cuando sea necesario y refrigerando la masa 5 minutos cada dos tandas de estiramiento.

Se puede hacer sólo cuatro tandas, refrigerar toda la noche y dejar los dos últimos estiramientos para la mañana siguiente antes de hornear.

Para hornear:

Precalentar el horno a 200ºC. Estirar la masa para que quede con un espesor de entre 3 y 6 mm, y cortar las bases de los vol-au-vents con un cortapastas redondo. Cortamos también los anillos que pondremos sobre la base. Yo para esto usé vasos, uno de agua para las bases y uno de chupito para los círculos.

Pintamos las bases con pincel untado en yema de huevo batida, colocamos los círculos encima de las bases y los pincelamos también, cuidando de no hacerlo por los lados para evitar que se aplasten durante la cocción (aunque seguro que éste no fue el motivo de mi fracaso)

Se hornean durante 15-20 minutos, o hasta que estén dorados.

Los recortes de masa se pueden aprovechar, los superponemos y volvemos a estirar un par de veces, pero mejor usarlos como base y no como bordes, porque no se elevan igual.

Para el montaje utilicé un merengue hecho con una clara de huevo batida a punto de nieve fuerte con 2 cucharadas generosas de azúcar glacé. Como “pegamento” para unir los ovnis y darles a la vez un poquito de brillo, utilicé un almíbar bastante espesito que hice con media taza de agua, media de azúcar, una cucharada sopera de miel y medio vasito de Pedro Ximénez.





La verdad es que estaba muy bueno pero no deja de ser una forma de reciclar un desastre.

No veo la hora de que llegue el 1 de octubre para conocer la receta del mes… y ojalá que esta vez se me dé mejor…