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A veces en la vida hay pasiones que llegan de manera tardía pero arrolladora. Eso es lo que me pasó a mí con el café. Antes de los 30 lo odiaba, poco después empecé a tolerarlo, y a partir de los 40 me he vuelto adicta a él, y encima gourmet. Supongo que en esto tiene culpa mi experiencia italiana: No me vale cualquier café. Si no puedo beber un buen café prefiero no beberlo. Me horroriza el café de cafetera eléctrica, no soporto ni el olor. La Nespresso y el aeroccino ocupan un lugar preferente en mi cocina. Para mí el cappuccino o el latte macchiato son lo que marca el comienzo del fin de semana, los dos únicos desayunos que hago tranquilamente, permitiéndome el lujo de una sobremesa tranquila y relajada que permita recargar las pilas y recrearme pensando en todo el tiempo que tengo por delante... e intentando no pensar en lo poco que me va a cundir al final.
Bueno, a lo que iba: cuando vi esta receta en el blog de Federica, que siempre os recomiendo y si habéis entrado habréis visto que con razón, me dije que tenía que poner manos a la obra. Desde entonces la he preparado dos o tres veces, es sencillamente exquisita. Si os gusta el café no podéis dejar de hacerla, es sencillísima y rapidísima si elegís la versión en microondas. Yo seguí la sugerencia de Federica de añadirle una pizca de guindilla en polvo y es sencillamente espectacular. Se puede incorporar a la preparación o espolvorearla sobre la mermelada cuando la estemos untando en pan, bizcocho, etc. Un poco de pan casero (como el de la foto, que es pan sin levado, podéis ver la receta pinchando aquí) , mantequilla, esta mermelada y un buen café y no se puede pedir más, a mí no se me ocurre mejor manera de empezar el día.
Ingredientes:
1 kg de manzanas (peso neto, ya peladas y descorazonadas)
400 grs de azúcar
3 cucharaditas de café soluble
3 cucharadas soperas de café molido
Preparación:
Ponemos las manzanas peladas y cortadas en trocitos pequeños en un recipiente apto para microondas. Lo cubrimos con film que perforaremos por varios puntos y cocinamos a 750W durante 10 minutos.
Sacamos del microondas y pasamos por la batidora. A mí me gusta que quede una textura más bien gruesa, con trocitos sin deshacer, pero eso va en gustos.
Añadimos el azúcar, el café soluble disuelto en una tacita (obviamente, de las de café) de agua hirviendo y el café molido. Mezclamos bien todo y volvemos a llevar al microondas durante otros 15 minutos (aquí conviene hacer la prueba del plato, por ejemplo a los 10 minutos, para asegurarse de que no espesa demasiado)
Sacamos del microondas, le damos un par de vueltas para asegurarnos de que todo está perfectamente amalgamado y envasamos en frascos de vidrio previamente esterilizados con 5 minutos de hervor. Una vez dentro de los frascos, metemos éstos unos cuantos segundos en el microondas, lo justo para que vuelvan a arrancar el hervor (yo me quedo vigilando a una distancia prudente hasta que veo que esto ocurre. Lo de la distancia es porque el microondas me inspira muuuuucho respeto)
Cerramos rápidamente los frascos y los ponemos boca abajo envueltos en un paño hasta que se enfríen completamente. De esta forma harán el vacío por sí mismos y se conservarán durante meses. Vaya tontería acabo de decir, verdad?
